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El 4 de octubre de 1957 la entonces URSS, Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas inauguraba oficialmente y de forma sorpresiva la era espacial al poner en órbita el primer satélite artificial de la historia: El Sputnik I. Su lanzamiento puso en marcha ante todo desarrollos científicos y tecnológicos, como por ejemplo la comunicación satelital.
La tecnología moderna que norma nuestra vida cotidiana tiene como lugar común, entre muchas otras, la comunicación inalámbrica entre cualquier punto de nuestro planeta. Esto es posible a la presencia de satélites de propósitos generales que circundan la Tierra. Hace exactamente sesenta y cinco años, que por primera vez se lograba colocar en torno a nuestro planeta un satélite artificial, que logró enviar comunicación a través un simple “bip, bip” que se ha convertido en un icono de la conquista espacial, y que representa en la actualidad el preámbulo de la comunicación y transmisión de información a cualquier punto del planeta. Actividad estratégica, de la cual dependen el grueso de los países y que propicia que países subdesarrollados compren dicha tecnología a las grandes potencias; nuestro país no es ajeno a dicha situación, su fuerte dependencia tecnológica propicia que se compren satélites de comunicación así como la compra de su colocación, mediante las llamadas lanzaderas, en órbitas geoestacionarias, aunque después se pregone, lo mal llamado satélites mexicanos.
El 4 de octubre de 1957 la entonces URSS Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas inauguraba oficialmente y de forma sorpresiva la era espacial al poner en órbita el primer satélite artificial de la historia: El Sputnik I, que en ruso quiere decir “adicto compañero”, una esfera de aluminio pulido que pesaba 83 kilogramos, con un diámetro de 55 centímetros, la cual emitía un suave y monótono zumbido. Llevaba cuatro antenas y giraba alrededor de la Tierra cada 96.2 minutos, en una órbita con un apogeo de 900 kilómetros y un perigeo de 230 kilómetros, y el plano de su ruta estaba inclinado 65 grados con relación al ecuador terrestre.
Occidente estaba conmocionado cuando hace 65 años las señales del Sputnik 1 desde el espacio fueron captadas con simples radios. Este primer satélite artificial, lanzado desde el entonces complejo espacial soviético en Baikonur (Kazajstán), no sólo marcó el 4 de octubre de 1957 como el inicio de la era de la astronáutica. También fue el punto de partida para una carrera por la supremacía en el espacio, en la que la Unión Soviética aventajó durante largo tiempo a Estados Unidos. Washington temía además que Moscú pudiera atacar a Estados Unidos con sus misiles de largo alcance, dotados con ojivas nucleares.
No había transcurrido el mes desde el lanzamiento del Sputnik 1 cuando la Unión Soviética lanzaba el Sputnik 2, mucho más pesado que el anterior y, que ante todo, tenía una particularidad especial: En su interior viajaba el primer ser vivo al espacio, la perra Laika. Colocar a Laika en órbita se convertía en un claro aviso a los Estados Unidos de que los soviéticos ya se preparaban para enviar seres humanos al espacio.
Sesenta y cinco años después del lanzamiento del Sputnik 1, cientos de satélites orbitan la Tierra a alturas de entre los 80 y los 36 mil kilómetros. Envían datos meteorológicos para los pronósticos del tiempo, registran cambios sobre la Tierra: desde la erupción de un volcán hasta huracanes, así como la destrucción de bosques y selvas. Y ellos miden el derretimiento de hielo en las regiones polares, como consecuencia del cambio climático.
En cambio, los datos científicos que se obtuvieron del primer vuelo de un satélite dirigido por Serguei Korolyov fueron más bien escasos. El Sputnik 1, provisto con tres antenas, transmitió a estaciones terrestres datos sobre la densidad de la atmósfera y temperaturas. Con una velocidad cósmica de 8 mil metros por segundo, este satélite viajó a una altura de 939 kilómetros sobre la superficie de la Tierra hasta que se agotaron sus baterías químicas y la brillante bola de aluminio se desintegró el 4 de enero de 1958 en la atmósfera terrestre.
Ese mismo año San Luis Potosí iniciaba sus primeros experimentos en el campo espacial con el programa potosino que fue posteriormente conocido como CABO TUNA y que de cierta forma fue de la mano con el inicio de la carrera espacial. La falta de apoyo para el programa ha colocado a la zaga los esfuerzos mexicanos en esta conquista que marca nuestra modernidad.
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Cabo Tuna: el proyecto potosino que se adelantó a la NASA
Hace sesenta y cinco años iniciaba en San Luis Potosí y en el país, los trabajos para el diseño y construcción de un cohete suborbital. A lo largo de siete meses de trabajo se contaba con un cohete de combustible sólido listo para realizar las primeras pruebas de lanzamiento de un cohete en México.
En el mes de octubre, mientras los alumnos de física dirigidos por sus profesores Gustavo del Castillo y Gama y Candelario Pérez Rosales, instalaban en las afueras de San Luis Potosí la torre de lanzamiento y el bunker de control y observación, la entonces Unión Soviética sorprendía al mundo con el lanzamiento del primer satélite el Sputnik, dando inicio a la llamada carrera espacial en la que, de cierta forma, quedaba incorporado San Luis Potosí al estar intentando el primer lanzamiento de un cohete con fines científicos.
El cohete potosino que se intentara lanzar en aquel mes de octubre de 1957 a unos cuantos días de la hazaña rusa, explotaría en la torre de lanzamiento, siendo este el primer experimento espacial mexicano. Aquel experimento, que podría considerarse una falla al no lograrse el ansiado lanzamiento, es parte de los procesos científicos y tecnológicos a través de cuyas pruebas se va estableciendo los logros positivos en este tipo de desarrollos. Con los ajustes necesarios después de esta primera prueba, el grupo potosino tenía todo listo para intentar un nuevo experimento de lanzamiento, cosa que sucedería el 28 de diciembre de 1957, lanzándose así el cohete Física I, el primero lanzado en el país, colocando a su vez a San Luis Potosí como la cuna de la experimentación espacial en México y la acuñación de un famoso nombre, ahora trascendido en el ámbito de la ciencia mexicana como Cabo Tuna.
La historia de Cabo Tuna sería una acumulación importante de experiencias y éxitos en cuanto a cohetes de sondeo suborbitales de varias etapas. El auge coheteril en México liderado por el grupo potosino abrió la posibilidad de crear en el país una base nacional de lanzamientos que estaría ubicada en Charcas, San Luis Potosí, y la creación a su vez de la Comisión Nacional del Espacio Exterior, que finalmente desapareciera en la década de los setenta.
La historia de Cabo Tuna tuvo una vida continua hasta 1972 y, después de un largo receso, aunque con cierto trabajo continuado, resurge con nuevos bríos, aunque sin nada de presupuesto, logrando el 14 de marzo de 2020 el lanzamiento de un cohete de nueva generación. En la actualidad se construyen un par de cohetes de combustible híbrido y combustible líquido, cuyo avance si bien lento por la falta de recursos financieros, colocan a México como un futuro país que se incorporará a la lista de países que han conquistado el espacio exterior.
El 7 y 8 de noviembre de este 2022, los participantes en el proyecto Cabo Tuna realizarán un evento conmemorativo consistente en charlas que dan cuenta de los trabajos nacionales en el campo aeroespacial, teniendo como centro de discusión el proyecto aeroespacial Cabo Tuna. El evento es abierto y se realizará en el auditorio del Instituto de Física de la UASLP en el campo Pedregal. Entre los participantes se encuentra el Dr. Charles Galindo Jr Científico investigador de conservación lunar en el Centro Espacial Johnson (JSC) de la NASA en Houston, Texas; el Dr. Vladimir Alexandrov de la agencia espacial rusa, entre otros. El programa puede ser consultado en la página de las pláticas del congreso: https://sites.google.com/view/cabo-tuna/programa/pl%C3%A1ticas-invitadas
Para acudir al evento de este año te sugerimos inscribirte mediante el siguiente correo: [email protected]
Mediante este correo también puedes solicitar una mayor información, o consultar la página del congreso: https://sites.google.com/view/cabo-tuna/inicio
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La lista de los últimos aspirantes para Qatar, fue dada, ya sabíamos y solo rectificamos que algunos jugadores como Vela o Hernández, no fueron tomados en cuenta, no hubo sorpresa en ese rubro.
Sin embargo, el trago amargo vino desde el arco, un joven prometedor, que a leguas sabíamos que iba a comer banca en Qatar, se quedó fuera, Carlos Acevedo fue recortado junto con Jonathan Orozco en sus aspiraciones para asistir a un mundial.
Es por todos sabido que el titular de la copa está seguro, a menos que alguna tragedia se cruzara por su camino, Guillermo Ochoa será sin duda el arquero nacional, sin embargo con 26 años, Acevedo soñaba con asistir a su primer copa del mundo.
Los factores por los cuáles se queda fuera, son varios, sobresaliendo sin duda la experiencia de sus compañeros, tanto Ochoa como Talavera son jugadores veteranos (este último con 40 años cumplidos) y cuentan con una buena trayectoria en mundiales, por otro lado, el Mazatleco Rodolfo Cota, con sus 35 años, estará asistiendo por primera vez a una copa Mundial. Parece ser que Martino apostó por la experiencia en lugar del momento. Complicado entenderlo pero muy respetable decisión.
Acevedo ha dejado de ser una revelación para convertirse en realidad, el arquero de Santos Laguna tiene una carrera muy bien consolidada en primera división y sus números lo avalan, pero no hay forma de competir con Guillermo Ochoa, según algunos analistas financieros, la pura presencia del americanista en los promocionales para la selección, le han otorgado al TRI, más de 20 millones de dólares, algo que hoy Carlos está muy lejos de cubrir, como bien lo dicen: primero lo que deja.
El arquero de Santos debe saber y tener muy claro que su momento va a llegar, el siguiente mundial será en casa y muy probablemente será su momento, si Acevedo sigue con su ritmo, llegará de 30 años a la cita norteamericana y muy seguramente podrá reclamar no solo la asistencia a la copa, sino la titularidad del mejor mundial para México desde el 86; ahí se hará justicia, hasta entonces Carlos debe levantar la cabeza, seguir madurando y pensar que su momento tendrá la mejor de las recompensas.
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Las Alas del Deseo (Der Himmel über Berlin. 1987) La cinta está dividida en dos partes claramente diferenciadas. La primera hora de película muestra emociones, sentimientos, ilusiones, frustraciones y sueños de ciudadanos que afectados por la época y las guerras están sumidos en una depresión y una angustia terrible. Casi al borde del suicidio colectivo. Todos estos pensamientos son presenciados o mejor dicho escuchados por ángeles que son invisibles a todos excepto a niños y personas con corazones débiles. La segunda parte se sumerge en la materialización de uno de los ángeles hasta convertirse en mortal después de haber presenciado varios acontecimientos en especial los pensamientos de una trapecista que está llena de amor, pero no sabe a quién dárselo. El director nos muestra el “amor” como la salvación a los males, la cura a la enfermedad de la sociedad. Una obra maestra fascinante.
Paris, Texas (1984) Pocas veces un film emociona y llega al alma de verdad. Algunos tocan cierta parte de ti que un día tuviste. Que te recuerdan cuánto amaste, y el enorme vacío que sucede al darte cuenta que aquello en torno a lo cual giraba tu existencia, se ha perdido y no volverá. Y duele. Aunque haya pasado mucho tiempo y tu corazón esté en otra parte, hay pedazos del alma que una vez se te desprenden, no hay manera de volverlos a pegar. París, Texas nos enseña que, a pesar de que las heridas no acaben de cicatrizar del todo jamás, nunca es tarde para intentar hacer lo correcto y quedarnos, al menos, en paz con nosotros mismos. Aunque sea a base de renunciar a recuperar lo que más deseamos en el mundo. Y lo hace con maestría, sin prisas, y con dolor, mucho dolor en el camino.
El amigo americano (Der Amerikanische Freund. 1977) Una adaptación tan personal como memorable de una novela de Patricia Highsmith. Ripley (Dennis Hooper) convence a un hombre enfermo terminal (Bruno Ganz) que trabaje para él como asesino a sueldo a cambio de una gran cantidad de dinero. Thriller prácticamente abstracto, con un desarrollo intangible, estilizado y apasionante. Plagado de inquietudes de todo tipo, desde lo antropológico a lo puramente filosófico, pasando por lo sociológico y hasta lo metafísico y lo cinéfilo, sin duda una película admirable, magníficas interpretaciones, especialmente un genial Bruno Ganz. Un clásico.
Buena Vista Social Club (1999) Impecable documental donde se relata entre canciones e imágenes un fragmento de la vida musical de La Habana. Por allí desfilan estos soberbios maestros del ritmo caribeño, algunos ya nonagenarios, pero que conservan intactos todo el ángel y el talento musical que en los años cuarenta y cincuenta los hicieron célebres. Entre ensayos y presentaciones, los solistas desgranan historias de vida cuyo común denominador es la dignidad. El éxito de la película, convirtió a estos viejos próceres en un negocio millonario y que varios fueron tentados con dinero para exiliarse en Miami. Pero no lograron convencerlos. Más allá de lo político, estas personas, como su maravillosa música, no podrían existir lejos de su ciudad amada. El trabajo de Ry Cooder y su equipo es sensacional.
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